Revista de misionología

Edición Hispanoamericana

Destino Malawi

"Me han pedido que escriba unas líneas acerca de la experiencia vivida en los días que pase en tierras africanas. Viajamos hacia Malawi, con motivo de los 50 años de la misión carmelitana en dicho país.



El viaje fue muy bueno y en el aeropuerto de Lilonwe, la capital de Malawi, nos esperaba un carmelita descalzo, el Padre Javier Compés. Desde el primer momento iba con inquietud e incertidumbre por lo que podría encontrar; tenía necesidad de desvelar una inquietud que llevaba adentro desde hacía muchos años, realizar un pequeño discernimiento y ver otra realidad.

Estuve unos días en Kapiri, es una parroquia de la Misión, y a la vez casa de noviciado; actualmente hay 8 novicios: 3 de Malawi y 5 de Tanzania. Los primeros carmelitas misioneros se instalaron en la misión de Kapiri ya hace 50 años. En la periferia hay bastantes casas-chozas, en unas condiciones muy duras y pobres. Después estuve en Karmel, una casa de oración, bastante transitada por religios@s, sacerdotes y obispos.

Malawi es un país que sufre mucho la pobreza, junto a la casa de oración del Karmel hay poblados y unas escuelas; allí las escuelas equivalen a la presencia de un maestro rodeado de cerca de cien niños. Los alumnos, si tienen un cuaderno son tan afortunadas, suelen llevar hojas sueltas para apuntar las lecciones que el maestro escribe en la pizarra. Estas escuelas eran cobertizos de adobe con ladrillos fabricados por ellos mismos, los tejados de ramas con paja y las más lujosas con tejavana metálica. Alrededor animales sueltos, cabras, gallinas, cerdos. Lo mejor de estas escuelas es que los niños quieren aprender, la motivación la traen consigo, tienen gran entusiasmo, son felices. Los más pequeños, cuando les sacan de las clases porque no llegan al final de mes, lloran porque para ellos es el peor de los castigos.

También he estado en colegios de Religiosas Misioneras, muy bien construidos y muy bien atendidos, allí las clases eran para unos 80 alum@s por clase, con sillas y hermosos pupitres. En la misión de Kapiri hay un gran hospital de las hermanas Carmelitas Misioneras, tiene varios pabellones para diferentes enfermedades: mala nutrición, malaria, sida, maternidad, etc… Muchas veces los enfermos no pueden llegar hasta el hospital por las largas distancias, pues no tienen medios y muchos enfermos van en condiciones muchas veces irrecuperables, maltratados por curanderos, mal nutridos o con infecciones prácticamente incurables…

En los hospitales las salas son comunes y en cada una se encuentran alrededor de 15-20 camas. El enfermo acude con parte de su familia y pasan las noches en el suelo con los enfermos, es algo normal allí, pues sus chozas no tienen ni cama, ni agua, ni luz.

El SIDA hace grandes estragos, no pudiendo encontrar en el país ningún tipo de tratamiento específico al alcance. Los niños que se quedan huérfanos por esta causa, suelen ser recogidos por sus familias o sino por orfanatos, estuvimos en uno de ellos que lo llevan unas religiosas entre ellas había varias españolas; hacen una labor extraordinaria, acogiendo a estos niños huérfanos. Han acogido a unos 130; es un trabajo inmenso y con gran responsabilidad, se preocupan de que estén limpios, bien alimentados, sanos y de su formación; que sean ordenados, que hagan sus trabajos. Les enseñan a orar y saben muy bien la importancia de la formación y educación.

Estoy convencido que sin el apoyo de la Providencia, la oración y la confianza en Jesús, la misión carece de sentido. La misión no solo responde a un interés propio, eres enviado, vas como misionero en nombre de Jesús. Allí en la Misión, las puertas siempre están abiertas.

Mi experiencia de fe ha sido una experiencia que se va enriqueciendo, y la gente sencilla y pobre me ha ayudado a crecer en la propia fe. Hay gente que anuncia el Evangelio con su propia vida, con la acogida, la sencillez y su fe profunda. Una de las cosas que yo he aprendido es la capacidad que tiene la gente sencilla de alabar a Dios en medio de la pobreza y del sufrimiento, de las dificultades. Gente que está sufriendo, que a lo mejor solo tienen para una sola comida al día; que se acercan a la Misión sin demasiadas preocupaciones y con una alegría contagiosa y fuera de lo normal. Ves en su espontaneidad, en sus ojos y en sus rostros que “Dios es Maravilloso”, que “Solo Dios Basta” (Mullungu Yekha Bsi) y eso te desarma…

Es una experiencia de fe que yo recibo de ellos. El estar en contacto con esa gente sencilla y pobre que sienten a Dios de forma espontanea, enriquece mi fe. Son hombres, mujeres niñ@s de mucha fe y confianza. Luego ves también como los pobres son capaces de compartir, son muy generosos, no todos, claro, porque no se puede generalizar, pero ha sido muy importante y bonito ver como el compartir enriquece la fraternidad y que ellos mismos viven como un valor muy importante en sus tradiciones locales, el saber acoger con humildad y sencillez. La solidaridad es fuerte, aunque a veces se queda limitada.

En la parroquia los domingos se celebran Misas que duran 1:45 minutos y a veces hasta 2:30. Veíamos como la misa dominical se llenaba hasta los topes; incluso cientos de niños sentados en el suelo junto al altar. La fe se enriquece allí, y, al volver aquí, compartes ese don, ese pozo que te ha ido dejando esa breve experiencia"

Fr. Samuel Flores ocd

“Revista obra misionera” p14-15 No: 1063 año 94 Febrero 2014

Temas principales 2014



214 Marzo:
La libertad religiosa



215 Junio:
La familia, lugar de mision (Perspectiva africana)



216 Septiembre: Desafios del pentecostalismo



217 Diciembre:
La Evangelizacion en masculino y femenino